
Un secretario eterno y una elección que vuelve a encender las alarmas en La Estrella
En La Estrella, Antioquia, la historia vuelve a repetirse como si el calendario político estuviera detenido en un mismo capítulo. Una vez más, el Concejo Municipal eligió a Daniel Guerra como secretario del Concejo para el periodo 2026, una decisión que ya no sorprende a nadie porque el funcionario acumula más de quince periodos en el cargo. La comunidad observa cómo, elección tras elección, el nombre de Guerra aparece como si fuera un requisito inevitable, lo que alimenta la percepción de que el cargo no responde a los méritos ni a la competencia, sino a una estructura política que opera con precisión quirúrgica para asegurar que nada cambie.
Los habitantes del municipio señalan que la elección no ofrece garantías reales para los aspirantes capacitados que buscan participar. Ex personeros, abogados y profesionales con experiencia han presentado sus hojas de vida en múltiples convocatorias, pero sus aspiraciones se diluyen sin explicación alguna. La comunidad comenta que estos postulantes quedan descartados de manera abrupta, mientras que el único nombre que persiste con constancia inquebrantable es el de Guerra, quien además es reconocido por ser cuota cercana al senador del Petrista Juan Diego Echavarría. Esa relación política alimenta la percepción de que la elección es un trámite simbólico cuya conclusión ya está escrita antes de comenzar.
La nulidad de 2024 y los concejales en el filo del escrutinio jurídico
Esta nueva elección revive la controversia que estalló en 2024, cuando el Tribunal Administrativo de Antioquia declaró nula la designación del mismo secretario por graves irregularidades. En aquel fallo, el Tribunal evidenció prácticas incompatibles con la legalidad, entre ellas el hecho de que el propio Daniel Guerra actuara como supervisor del contrato que estableció el proceso mediante el cual él mismo resultó elegido como único candidato. El fallo explicó que dicha situación vulneraba principios básicos de transparencia y de imparcialidad.
Esa nulidad dejó consecuencias que hoy siguen latentes. Trece concejales y la mesa directiva del Concejo quedaron expuestos a investigaciones y posibles sanciones disciplinarias por haber apoyado la elección a pesar de conocer que presentaba inconsistencias jurídicas profundas. La comunidad recuerda ese episodio porque demuestra que el problema no es nuevo; es estructural, repetitivo y sostenido por un entramado político que parece blindado frente a las advertencias legales.
Una elección que se repite y un clima de desconfianza que crece
Con el nombramiento para 2026, la ciudadanía se pregunta por qué el Concejo insiste en replicar un modelo de elección cuestionado judicialmente y rechazado socialmente. La repetición constante de un mismo ganador, sumada a la ausencia de concursos reales de méritos, alimenta la sensación de que La Estrella vive un sistema cerrado donde las reglas solo funcionan para legitimar un resultado ya previsto. La gente demanda claridad y equidad, pero lo que recibe es la confirmación de un poder que se reproduce a sí mismo.
